La mirada de esperanza en Fratelli Tutti.

Algunos países exitosos desde el punto de vista económico son presentados como modelos culturales para los países tecno-económicamente poco desarrollados; en lugar de procurar que cada pueblo o país crezca con su estilo propio, para que desarrolle sus capacidades de innovar desde los valores de su cultura.

En los sectores acomodados de muchos países pobres, se advierte la incapacidad de salir de la pobreza. Se piensa que la incapacidad brota de características y procesos propios, cayendo en un menosprecio de la propia identidad cultural, como si eso fuera la principal causa de sus males, sin ver las coacciones económicas externas en su magnitud. Esta es una referencia que hace el Papa Francisco en el Mensaje de la Cuarta Jornada Mundial de los pobres, en junio del año 2020.

Ante la imposición de los poderosos, de ignorar la cultura de los pueblos con menos recursos. La respuesta a este desafío, debe brotar de una mirada de esperanza. Que radica en reconocer que una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto y podrá engendrar un futuro prometedor, sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que lo conforman; y también en la medida que rompa los círculos viciosos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más los unos de los otros. Citamos en este momento la célebre frase de nuestra riqueza cultural… “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea…” Cfr. Martin Fierro.

Hay caminos de esperanza, y los tenemos que encontrar, porque Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien y recursos, como lo señala Francisco en el documento Fratelli Tutti. Y la esperanza cimentada en la Fe, es la fuerza que nos saca de sentimientos de baja autoestima y de menosprecio por lo que somos como pueblo.

Hay miradas de esperanza en medio de una prueba difícil como lo es la pandemia que, afecta a toda una humanidad desnudando su vulnerabilidad, porque nos permite valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que reaccionaron donando la propia vida. Fuimos capaces de reconocer cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes que, sin lugar a dudas, escribieron los acontecimientos decisivos de nuestra historia compartida: médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales, dando testimonio de santidad y de heroísmo anónimo.

El Papa Francisco, nos dice invito a la esperanza, que nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en que vive.

La mirada de esperanza es la certeza de que saciaremos la sed de vida, una aspiración, un anhelo de plenitud, de querer tocar lo grande. Porque la esperanza eleva el espíritu hacia la verdad, la bondad, la belleza, la justicia, y el amor. La esperanza a la que nos invita Francisco, es para que tengamos la audacia de salir más allá de la comodidad personal, de las propias seguridades que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más propia de la dignidad humana.

La esperanza nos impulsa a respetar las libertades individuales para que cada persona sueñe y logre realizar, con libertad, la mejor versión de sí mismo y alcance la felicidad. Deberíamos aspirar a que cada país, y por supuesto especialmente el nuestro, sueñe lo que quiere ser y logre la mejor versión de sí mismo, que se exprese en una identidad cultural, de la que se sienta como pueblo, íntegro, justo, y feliz.

Miremos y caminemos juntos en esta esperanza, a la que nos invita el Papa y la Iglesia, para no ser trabajadores de un futuro que sueñan otros. Sino los propios arquitectos, en la construcción de un futuro, fruto del sueño de una comunidad, inspirado por Dios, que nos permita lograr el desarrollo pleno de nuestro pueblo y su gente.

Los abrazo, Hermanos Todos en el Señor.

Colaboradores de la Pquia. San Cipriano, y Padre Daniel.

Fuente: LasHerasNoticias.com

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