Bandalos Chinos y su conquista cordobesa: Una buena forma de ganar

La música, el talento, los gestos y, por supuesto, las buenas canciones  pueden ganarle al despliegue y al artificio. 

Lo demostró el viernes Bandalos Chinos en Plaza de la Música, en ocasión de la presentación oficial del disco Paranoia Pop

La banda bonaerense, en formato octeto, ofreció un espectáculo fino, muy fino, que sin embargo no resultó frío. Y lo hizo mediante la sola combinación de interpretación gloriosa y el respeto por un guion de tono teatral. 

Un detalle: cuando el diseño dice que hay que afinar y reorganizar la energía expresiva – receptiva, los músicos no abandonan el escenario, la iluminación entra en fase sugerente y, de espaldas al público, hacen lo que tienen que hacer mientras suena el loop de Fulnabis, uno de los temas más hipnóticos de Paranoia pop

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Goyo Degano, uno de los grandes cantantes de la nueva generación. (Gentileza Lea Frutos)

Y el efecto es que el espectador no se dispersa aun cuando se supone que la banda invita a hacerlo. Sólo los mejores alquimistas pop logran un movimiento de esta naturaleza. 

Paranoia pop es un disco – ensayo sobre los efectos (nocivos y beneficiosos) del ascenso meteórico. Y su resolución en vivo se concentra más en la administración de intensidades que en el arrebato magnánimo. 

OK, Bandalos Chinos entra en fase Bohemian Rhapsody (en la de la biopic, cuando el Brian May de ficción dice que hay que incorporar al público en una canción) a la hora de Mi manera de ser, un tema que ya en su versión de estudio tiene “¡Heys!” de multitud y su consecuente pedido de palmas. 

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Pero en el contexto general del show, ese movimiento opera como una simple referencia a lo que puede pasar cuando se sube de escala. No hay cinismo ahí; es apenas una reafirmación de que no se pierde nada comulgando con una multitudinaria celebración desvergonzada. 

En este punto, Goyo Degano y sus compañeros son analistas de la industria cultural en la que se desenvuelve pero con retórica nada retorcida ni vanagloriada en algún nivel de superioridad. Los Bandalos “acotan”, al decir de Trueno, pero con un nivel de belleza apabullante que puede acercarlos tanto a un eje dorado de soft rock (de Steely Dan a Men At Work) como a Los Abuelos de la Nada. 

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Es la música que programará la (radio) Shopping en el 2045, y que ahora se impone, fundamentalmente, porque sus creadores con muy capos. Así de corta. 

Sin desmerecer a los instrumentistas (todo brillantes, todos conscientes de su potencial, todos aportando en función de la canción), Bandalos Chinos tiene un gran cantante, algo que no abunda en nuestra música popular.

En vivo, Goyo exacerba el encanto plasmado en los discos. Rinde en los rocks sin romper (Chu Chu, El ídolo), en las baladas extiende sílabas sin resignar resonancia y en los temas gancheros acompaña su expresión con el gesto exacto para potenciar el mensaje. Y milagrosamente es él mismo: trasciende el manierismo calamaresco o fitopaísta y a la tentación del terciopelo ceratiano. 

Tampoco parece afectarlo la sobreexigencia: en la función de las 23.30, ofrecida pocas horas después de una primera de tardecita, su garganta se oyó impecable. 

Los cordobeses Rodrigo Molina y Paz Carrara, invitados especiales de Bandalos Chinos. (Gentileza Lea Frutos)

Bandalos Chinos tocó todo Paranoia pop, respetando sus momentos calmos e introspectivos (en Los Puntos sumaron a los cordobeses Rodrigo Molina de Telescopios y a Paz Carrara), por lo que la citada sensación de “frialdad” pudo haber ganado la atmósfera. No obstante, ésta quedó pulverizada con la jam funkera de Tu órbita y cuando en los bises llegó Vámonos de viaje, su máximo hit, y un tema pop en el que reluce la banda en plan expansivo. 

Este último se titula El temblor y su versión en directo invita a reproducirlo apenas se abandone el recinto de su reciente interpretación en vivo. Nada habla mejor de un concierto en vivo que eso: en lugar de soltar el repertorio por el aturdimiento, volver a él para desentrañarlo. 

Que haya una tercera de Bandalos Chinos y en la realidad que toque vivir. Vieja o nueva, ¿qué más da?

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