COLUMNA DE OPINION: VACUNACIÓN VIP, LA PEOR RESPUESTA

Crece el escándalo por la vacunación VIP, el cual es y con justa razón, la peor crisis institucional qué enfrenta la gestión de Alberto Fernández desde su llegada al poder.

El gobierno de Fernández parece no tener capacidad de reacción frente a un escándalo qué pone en duda su legitimidad de cara a la sociedad.
Resulta realmente llamativo e incluso roza lo patético ver al movimiento qué se dice pluralista y democrático tratando de acallar el grito de indignación de un pueblo estafado.
Estafado, y esto no es una exageración, lo que se hizo en Argentina con la vacunación selectiva fue lisa y llanamente una estafa del gobierno hacia la ciudadanía.

Pero lo más indignante de todo esto es la respuesta inverosímil y casi pueril del gobierno, comenzando por la del propio presidente Alberto Fernández quién se mostró más preocupado por defender al eyectado Ginés González García, considerándolo víctima de un “escarnio público” que por dar respuestas por una maniobra de CORRUPCIÓN gestada en el seno del gobierno que él preside.
Otra explicación que realmente subestima la inteligencia de la sociedad es la que se usó para justificar la vacunación de jóvenes militantes en la provincia de Buenos Aires diciendo que eran vacunas qué sobraban… el gobernador Axel Kicillof es economista, necesariamente tuvo que haber estudiado a Thomas Malthus un economista británico nacido en 1766, Malthus explicó la dinámica de la presión sobre los recursos por parte de la población. La vacuna contra el COVID-19 es un bien sumamente escaso con una demanda constante y creciente no obstante es imposible qué sobren, es decir nos están mintiendo en la cara.

Pero claro el kirchnerismo es incapaz de asumir la culpabilidad, y cómo es su malsana costumbre busca esquivar sus responsabilidades, es una constante en su retórica discursiva “la culpa es del otro”.
La burda e infantil estrategia qué parece haber elegido el gobierno para defenderse es atacar al Macrismo, exactamente lo mismo qué se le criticaba al gobierno anterior.
La única diferencia es que el gobierno pareciera no poder (o no querer) comprender que ese elemento lamentablemente se ha enquistado en la política argentina y muchas veces funciona como excusa para justificar la carencia de ideas de la política en general no aplica en este caso, ya que así Mauricio Macri y los exfuncionarios sean culpables de todo lo que se los acusa y vayan presos (cómo tiene que ser), al kirchnerismo no le alcanza para justificar esta aberración.

Ahora bien focalicemos en el discurso del presidente, Alberto Fernández utiliza la excusa de que la vacuna Rusa estaba siendo desprestigiada, “me acusaban de envenenar a la gente, ahora me piden veneno”. Dos reflexiones respecto a esto, en primer lugar las dudas que existían sobre la vacuna eran de índole técnica, lo que se reclamaba era la prueba de efectividad lo cual afortunadamente se probó. En segundo lugar es un argumento impropio de un presidente, ¿Cómo puede ser qué el presidente de un país con 50.000 muertos por la pandemia esgrima una tautología tan banal?, es perverso escuchar esto de la boca de la persona a cargo del país.
Otro punto llamativo de la argumentación qué utilizó el primer magistrado de La Nación es qué no es una conducta antijuridíca, pues las acciones cometidas no están tipificadas cómo delito, en primer término para qué estos episodios tuvieran lugar tuvieron qué cometerse delitos cómo tráfico de influencias, malversación de caudales públicos etc. Pero lo qué el presidente debería entender es que aquí la falta es más ética y moral qué jurídica.
Pero lo qué causa más mella sobre el relato K, es la contradicción fragrante, no sólo ya con el discurso histórico del kirchnerismo, de la igualdad y la redistribución, si hay algo qué prueba este episodio es qué todo ese discurso era una enorme falacia. Sino también para el presidente, ya que su respuesta ante este escándalo, reduce su figura de un líder conciliador a un simple títere cuya triste función es defender lo indefendible. Una vez más el pueblo Argentino ha sido ofendido, subestimado y estafado, será responsabilidad del mismo pueblo impedir qué esto caiga en el olvido, contrariamente a lo que pretende el gobierno este episodio deberá perdurar en nuestra memoria, no habrá perdón ni olvido, de lo contrario quienes en verdad soñamos con un país mejor y más justo habremos perdido la batalla.

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